Detrás de los números de las derivaciones médicas hay rostros, familias y esperas cargadas de incertidumbre. Una de esas historias es la de Leila Roldán, una niña de apenas 5 años oriunda del barrio San Pedro I de San Miguel de Tucumán, quien finalmente pudo emprender el regreso a casa tras superar con éxito una etapa fundamental de su tratamiento de salud en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

El caso de Leila comenzó a movilizarse en septiembre de 2025, cuando debido a una fisura palatina compleja debió ser derivada desde el Hospital del Niño Jesús de la capital tucumana hacia el Hospital Garrahan, un centro de referencia nacional en pediatría de alta complejidad. La distancia y el desarraigo sumaban una enorme carga emocional para su madre, pero allí entró en juego el andamiaje de contención del Estado provincial.

A lo largo de este proceso, que incluyó dos extensos viajes a Buenos Aires, la Casa de la Provincia de Tucumán en CABA se convirtió en el refugio de la familia. La representación oficial no se limitó a la gestión de trámites administrativos, sino que brindó una asistencia integral, alojamiento y apoyo psicológico y social continuo para mitigar el impacto de la internación lejos de sus raíces.

El hito más importante de este recorrido médico se concretó el pasado 17 de mayo de 2026, cuando la pequeña fue sometida a una cirugía de reconstrucción de paladar. Tras una evolución favorable y semanas de estricto seguimiento postoperatorio, el equipo médico autorizó su alta para el retorno definitivo a Tucumán.

Este acompañamiento técnico y humano responde de manera directa a las líneas político-institucionales y directrices fijadas por el gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, quien ha instruido a sus ministerios y representaciones oficiales a priorizar de manera absoluta la salud pública, mucho más con los tucumanos que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad y que sin el apoyo del Estado no podrían acceder a tratamientos de este tipo.

Conforme a las indicaciones del mandatario provincial, la Casa de Tucumán en CABA —bajo la conducción de Enrique Salvatierra y con un área social fortalecida por el profesionalismo de cada uno de sus integrantes— tiene la misión mandatoria de actuar como un puente humano, garantizando que ningún tucumano enfrente solo una situación de vulnerabilidad médica fuera de las fronteras de la provincia.