Santiago Díaz nació el 17 de julio en el Hospital Eva Perón, ubicado en Banda del Río Salí, Departamento Cruz Alta. Llegó al mundo con una cardiopatía congénita que hizo que sus primeros días estuvieran marcados por la urgencia, los estudios y la necesidad de una atención especializada que no podía esperar.
El viernes 7 de agosto, cuando apenas habían transcurrido unas semanas desde su nacimiento, Santiago fue trasladado junto a su mamá, Daniela Navarro, mediante una evacuación sanitaria hacia Buenos Aires. El pequeño necesitaba ser atendido en un centro de mayor complejidad. Detrás de esa derivación había una familia atravesada por la incertidumbre y, al mismo tiempo, por una esperanza que se aferraba a cada posibilidad.
El lunes por la mañana llegó el momento más difícil. Santiago ingresó al quirófano para una intervención compleja y prolongada. Daniela y Maximiliano Díaz, su papá, acompañaron el proceso desde el lugar más difícil que puede ocupar una madre o un padre: esperando noticias mientras la vida de su hijo estaba en manos de un equipo médico.
Fueron horas extensas, de angustia y expectativa. Finalmente, la operación terminó de manera exitosa.
Pero el desafío no había terminado. Santiago continúa atravesando un cuadro crítico y su estado es evaluado hora a hora. En estos casos, la evolución no se mide solamente en días: cada momento puede significar un cambio, una nueva esperanza, una nueva señal.
Mientras el niño permanece bajo atención médica especializada, sus padres no están solos.
La familia, oriunda de la localidad de Los Gutiérrez, pudo contar con un lugar donde alojarse en la Ciudad de Buenos Aires y con acompañamiento social y psicológico. La asistencia fue articulada desde el área social de la Casa de Tucumán, en un trabajo conjunto con el Sistema Provincial de Salud, a cargo del ministerio de Salud que conduce Luis Medina Ruiz, y el representante oficial de Tucumán en Buenos Aires, Enrique Salvatierra.
Para Daniela, estar cerca de su hijo durante un momento como este significa mucho más que tener un techo. Significa poder permanecer a pocos kilómetros del lugar donde Santiago lucha por recuperarse, contar con orientación y atravesar una situación extraordinaria sin tener que enfrentar, además, la incertidumbre de no saber dónde dormir, cómo trasladarse o cómo sostenerse lejos de su casa.
Salvatierra estuvo junto a Daniela, en la mañana del domingo, durante este proceso y pudo conocer de cerca la angustia y la fortaleza con la que la familia atraviesa estas horas. Desde la Casa de Tucumán destacó la importancia de que el Estado pueda estar presente cuando una familia tucumana debe trasladarse a Buenos Aires por una situación de extrema complejidad, brindando contención y procurando resolver aquellas necesidades que exceden estrictamente lo médico.
La historia de Santiago muestra una dimensión muchas veces invisible de la atención sanitaria: detrás de cada derivación hay una familia que también necesita ser asistida. Porque cuando un niño debe recorrer cientos de kilómetros para acceder a una intervención que puede cambiar su vida, el tratamiento no termina en la puerta de un hospital. También hace falta acompañar a quienes esperan, sostener a quienes cuidan y garantizar que las condiciones materiales no se conviertan en un obstáculo adicional y en ese sentido, la asistencia articulada entre la provincia y la representación tucumana en Buenos Aires forma parte de una política social que busca atender a las personas en situaciones de vulnerabilidad, especialmente cuando una emergencia sanitaria obliga a abandonar temporalmente el lugar de origen.
La decisión política del gobernador Osvaldo Jaldo de fortalecer los mecanismos de acompañamiento social adquiere, en historias como la de Santiago, una dimensión concreta: una familia que no tiene otra alternativa que trasladarse para que su hijo pueda recibir atención especializada encuentra en el Estado una red que le permite sostenerse durante ese camino.
No se trata solamente de una gestión administrativa. Se trata de que Daniela pueda estar junto a Santiago. De que Maximiliano pueda acompañar a su hijo. De que una familia de Los Gutiérrez pueda atravesar una situación límite sin quedar librada a sus propios recursos.
Santiago todavía tiene por delante un camino largo. Su evolución continúa siendo observada minuto a minuto por los profesionales que lo asisten. La cirugía fue exitosa y abrió una puerta, pero todavía queda mucho por recorrer. En Tucumán, mientras tanto, una familia espera. Espera cada parte médico, cada pequeña señal, cada avance.
Y en esa espera hay también una certeza: cuando la distancia, la enfermedad y la incertidumbre parecen demasiado grandes, el acompañamiento del Estado puede convertirse en una herramienta fundamental para que una familia pueda concentrar todas sus fuerzas en lo único que importa ahora.
Que Santiago siga adelante.
