Hay territorios que se reconocen por sus paisajes. Otros, por las historias que permanecen en ellos.

El Noroeste Argentino tiene ambas cosas. La montaña, los valles, la yunga, los salares y los cerros forman parte de una geografía reconocible, pero detrás de esas imágenes existe otra trama: la de quienes nacieron allí, la de quienes heredaron sus símbolos, la de quienes se fueron y volvieron a mirar su lugar de origen desde otra perspectiva.

Esa trama es la que propone recuperar “El Norte que Habita”, la exposición colectiva que desde el 15 de septiembre podrá visitarse en la Casa de Tucumán en Buenos Aires (Suipacha 140), con entrada libre y gratuita.

La muestra reúne aproximadamente 27 obras visuales, 20 piezas de cerámica y una propuesta musical, en un recorrido que cruza fotografía, ilustración y escultura para plantear una pregunta que atraviesa todo el proyecto: ¿Cómo se representa aquello que sentimos como propio?

No es una postal: es un territorio que deja huellas

La mirada de la tucumana Samia Linares, fotógrafa, comunicadora y gestora cultural radicada en México, convirtió una experiencia personal en un proyecto colectivo.

Durante años, Linares escuchó preguntas sobre su procedencia que reducían las posibilidades a Buenos Aires o la Patagonia. La respuesta fue construir otra imagen: la de un Norte contado por sus propios artistas.

Así comenzó a conformarse una red que hoy reúne a creadores de las seis provincias del NOA. Fotógrafos registran paisajes y escenas del territorio y esas imágenes son posteriormente intervenidas por ilustradores, diseñadores y artistas de la región.

El resultado modifica la lógica tradicional de la fotografía de paisaje. La imagen deja de ser una conclusión y se convierte en el comienzo de otra mirada.

Una montaña puede incorporar un personaje. Una fotografía puede transformarse en una escena imaginada. Un paisaje real puede encontrarse con una intervención gráfica y producir una tercera obra.

La propuesta, por eso, no se limita a mostrar el Norte: lo vuelve a narrar.

La trayectoria de Linares también explica el alcance del proyecto. Formada en Comunicación Social y fotografía, desarrolló parte de su carrera entre Tucumán y el exterior. En 2026, su trabajo alrededor de la identidad visual del Norte comenzó a adquirir circulación internacional, con una propuesta que busca disputar las formas centralizadas en que históricamente se ha contado la cultura argentina.

Tucumanas que transforman memoria en obra

Dentro de ese mapa, Tucumán tiene una presencia especialmente significativa.

No solo porque el proyecto nace de una artista tucumana y llega a la Casa que la Provincia sostiene en Buenos Aires. También porque entre sus protagonistas aparecen creadoras que trabajan sobre materiales, símbolos y memorias profundamente vinculados con el territorio.

Una de ellas es Elisa del Valle Córdoba, ceramista tucumana radicada en Buenos Aires. Su incorporación suma una dimensión que excede lo visual: el Norte también puede tocarse.

Córdoba trabaja con barro y fuego y recupera en sus piezas referencias a las culturas precolombinas, al linaje, la ofrenda y la Pachamama. Entre sus obras aparecen reinterpretaciones de los suplicantes de Alamito y una pieza denominada Mamá Choclo.

Su presencia permite que la exposición incorpore otra forma de pensar el legado.

Porque el barro conserva marcas.

Las manos dejan huellas. El fuego transforma la materia. Una pieza puede atravesar generaciones y seguir hablando de quienes estuvieron antes.

En ese sentido, la cerámica establece un diálogo particular con la fotografía y la ilustración: mientras unas registran o reinterpretan un paisaje, el barro conserva una memoria física del territorio.

Un acervo que no está quieto

Uno de los aspectos más interesantes de “El Norte que Habita” es que plantea una idea contemporánea de patrimonio.

El acervo cultural no aparece solamente asociado a aquello que debe conservarse intacto. También está en aquello que los artistas contemporáneos toman, transforman y vuelven a poner en circulación.

Las huellas de una cultura pueden aparecer en una figura ancestral, pero también en una fotografía de Tafí del Valle, en una intervención gráfica sobre la Quebrada de Humahuaca o en una pieza de cerámica inspirada en las culturas que habitaron el territorio.

De allí que la exposición reúna distintas generaciones y disciplinas. La obra de un fotógrafo dialoga con la de un ilustrador; la tradición material de la cerámica se encuentra con lenguajes contemporáneos; el paisaje real se cruza con la imaginación.

La muestra reúne trabajos de fotógrafos como José Luis Albaca, Michelle Vargas, Florentina Mansilla, Lucía Raiden, Samia Linares, Florencia Villafañe, Federico Vaca Baldi, Paula del Valle Garros, Luciana Ibarra y Victoria Jiménez, junto a ilustradores como Clementina Santillán, Carla Florencia Booth, Leandro Fernández, Alejandro Nicolau, María Florencia Jerez, Camila Moyano, Emmanuel Cepeda y Sol Fernández.

Son miradas diferentes sobre un territorio común.

Y allí reside buena parte de la potencia de la propuesta: el Norte no aparece como una identidad única, sino como una conversación entre muchas identidades.

Del Norte hacia Buenos Aires

La llegada de la muestra a la Casa de Tucumán tiene además un significado particular.

Buenos Aires ha concentrado históricamente buena parte de los circuitos de legitimación y circulación del arte argentino. Llevar hasta allí una producción construida desde el NOA implica abrir un espacio para que esas obras sean vistas, discutidas y reconocidas fuera de su territorio de origen.

En ese punto, la Casa de Tucumán funciona como algo más que una sala de exposición: se convierte en una plataforma de circulación para la producción cultural de la provincia y de la región.

El acompañamiento del Gobierno de Tucumán se inscribe en esa tarea: sostener espacios donde los artistas tucumanos puedan mostrar su trabajo, poner en valor el patrimonio cultural y establecer nuevos vínculos entre Tucumán y otros centros culturales del país.

La apuesta es que la identidad tucumana no quede encerrada en una representación estática del pasado, sino que pueda mostrarse a través de los artistas que hoy la están pensando y creando.

Las huellas que quedan

Quizás allí esté la clave de “El Norte que Habita”.

No se trata de decidir cuál es la imagen verdadera del Norte.

Se trata de reconocer que un territorio está hecho de muchas capas: las que dejaron quienes estuvieron antes, las que conservan quienes viven allí y las que agregan quienes hoy lo imaginan.

El Norte también es su acervo. Pero es, sobre todo, la capacidad de convertir ese acervo en creación.

Por eso las fotografías, las ilustraciones y las piezas de cerámica que llegan a Buenos Aires no funcionan solamente como obras de arte. Son fragmentos de una memoria colectiva que cambia de forma sin perder sus raíces.

Una montaña fotografiada.

Una imagen intervenida.

Una figura modelada en barro.

Una huella que vuelve a aparecer.

Y una generación de artistas que decide contar, desde su propia voz, qué significa habitar el Norte.

INFORMACIÓN

EL NORTE QUE HABITA

📅 Del 15 al 25 de septiembre de 2026
🕙 De 10 a 15 h
📍 Casa de Tucumán en Buenos Aires – Suipacha 140, CABA
🎨 Fotografía intervenida · Ilustración · Cerámica · Música
🎟️ Entrada libre y gratuita