En medio de tratamientos médicos complejos, lejos del hogar y atravesadas por la incertidumbre, muchas familias encuentran en la Casa de Tucumán mucho más que un lugar de paso: encuentran contención y  cuidado. Allí, el Servicio Social sostiene diariamente espacios fundamentales como la salita de juegos y el ropero social, dos iniciativas que reflejan la importancia de un Estado presente, capaz de atender no sólo las necesidades médicas, sino también las emocionales y sociales de quienes atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad.

La salita de juegos funciona como un espacio pensado especialmente para niños, niñas y adolescentes que permanecen en Buenos Aires junto a sus familias durante tratamientos en centros de alta complejidad. En ese contexto, donde la enfermedad y el desarraigo suelen marcar la rutina cotidiana, el juego aparece como una herramienta esencial de expresión, alivio y encuentro.

Entre dibujos, libros, juguetes y actividades recreativas, los chicos encuentran un lugar seguro donde recuperar algo de la infancia que muchas veces queda suspendida por las exigencias del tratamiento médico. Allí pueden compartir con otros niños, expresar emociones, disminuir tensiones y sostener vínculos en un entorno cálido y cuidado. La propuesta contempla distintas edades y necesidades, entendiendo que cada niño atraviesa el proceso de manera singular.

Lejos de ser un detalle accesorio, estos espacios representan una política de cuidado concreta. Diversos especialistas coinciden en que el acompañamiento emocional y la posibilidad de sostener momentos de recreación impactan positivamente en la salud integral de las infancias, especialmente en contextos de internación o tratamientos prolongados.

A su vez, el ropero social cumple una función indispensable para muchas familias que llegan desde Tucumán con recursos limitados y deben permanecer durante semanas o meses fuera de su provincia. Allí reciben ropa, calzado, abrigo y elementos de primera necesidad, en una respuesta solidaria frente a las dificultades económicas que suelen profundizarse durante los tratamientos médicos.

Detrás de cada prenda entregada hay una decisión institucional de acompañar, de aliviar aunque sea una parte de la carga que enfrentan madres, padres y cuidadores. Porque cuando una familia debe concentrar todas sus fuerzas en la salud de un ser querido, el acceso a cuestiones básicas como abrigo o vestimenta también se vuelve parte del cuidado.

La experiencia cotidiana de estos espacios demuestra que la atención en salud no puede reducirse únicamente a lo clínico. Las familias necesitan ser escuchadas, acompañadas y sostenidas integralmente. Necesitan lugares donde sentirse contenidas en medio de la angustia, donde los niños puedan seguir siendo niños y donde las dificultades materiales no se transformen en una barrera más.

En tiempos donde muchas veces se discute el rol del Estado, iniciativas como las que impulsa Casa de Tucumán evidencian el valor de las políticas públicas orientadas al cuidado y la protección social. Porque acompañar también es garantizar dignidad, generar redes de apoyo y estar presentes allí donde más se necesita.

La salita de juegos y el ropero social son, en definitiva, mucho más que espacios de asistencia: son una expresión concreta de empatía, solidaridad y compromiso con las familias que atraviesan uno de los momentos más difíciles de sus vidas.