¿Qué es el Acta de la Independencia?

El documento fundacional sancionado por el Congreso de Tucumán constituye el instrumento jurídico y político mediante el cual las Provincias Unidas en Sudamérica rompieron de manera definitiva los lazos de subordinación con la corona española. Esta declaración no solo significó la emancipación del rey Fernando VII, sino —como se adicionó días más tarde— de cualquier otra potencia extranjera, inaugurando un nuevo horizonte soberano para la región.

 ¿Quién la refrendó, cuándo y dónde?

La histórica proclama se concretó el 9 de julio de 1816 en la ciudad de San Miguel de Tucumán, puntualmente en la residencia de la familia Bazán (hoy conocida como la Museo Nacional Casa Histórica).

La sesión estuvo presidida por el sanjuanino Francisco Narciso de Laprida, acompañado por el vicepresidente Mariano Boedo (diputado por Salta) y los secretarios José Mariano Serrano y Juan José Paso. El manifiesto fue rubricado por 29 diputados representantes de los diversos territorios de las Provincias Unidas, que abarcaban regiones de la actual Argentina y del Alto Perú (hoy Bolivia).

Un documento plurilingüe: ¿En cuántos idiomas se redactó?

Contrario a la creencia popular de un escrito puramente monolingüe, los líderes de la gesta patria idearon la difusión de la soberanía desde una perspectiva multicultural. El texto original en castellano fue traducido formalmente a las lenguas originarias dominantes de la población nativa: el quechua y el aymara, y posteriormente al guaraní.

De los 3000 ejemplares impresos para propagar la noticia:

  • 1500 se publicaron en castellano.

  • 1000 se editaron en quechua.

  • 500 se difundieron en aymara.

Este diseño a dos columnas (español y lengua indígena) buscaba integrar a los pueblos originarios a la causa emancipadora, una política en consonancia con la propuesta de Manuel Belgrano de instaurar una monarquía atemperada encabezada por un descendiente de la dinastía incaica.

¿Qué estipula su contenido?

En sus líneas esenciales, la resolución expresa la voluntad unánime de los pueblos de romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de los que fueron despojados e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente, con pleno poder para darse la forma de gobierno que exigiera el interés general.

El destino del acta manuscrita original de la Declaración de la Independencia de la Argentina (la que firmaron los 29 congresales el 9 de julio de 1816 en Tucumán) es uno de los mayores misterios de la historia del país. La realidad es que el documento original permanece desaparecido, y existen diversas hipótesis históricas sobre qué le ocurrió:  

Las principales hipótesis del extravío

  • El robo al «chasqui» (mensajero): Es una de las teorías más difundidas. Sostiene que poco después de la declaración, se envió una copia o el mismo documento original hacia Buenos Aires a través de un mensajero (Cayetano Grimau y Gálvez). En el camino, a la altura de Córdoba, el chasqui habría sido asaltado por soldados vinculados a los caudillos federales (de la línea de Artigas), quienes le sustrajeron los papeles. Algunos historiadores, como Felipe Pigna, argumentan que lo robado en esa ocasión fue en realidad una copia y no el acta principal.   

  • Pérdida en el traslado del archivo (1817): En 1817, el Congreso de Tucumán se trasladó a Buenos Aires. Con el mudanza viajó todo el archivo de actas y documentos oficiales. La hipótesis más aceptada por el ámbito académico indica que el manuscrito original se diluyó y terminó perdiéndose a lo largo del siglo XIX debido a las sucesivas guerras civiles, la falta de condiciones archivísticas adecuadas y el desorden institucional de los sucesivos cambios de gobierno.  

  • El taller de tipografía de Bacle: Otra línea de investigación ubica la pérdida en la década de 1830. Se cree que el libro de actas original pudo haber sido entregado al litógrafo e impresor César Hipólito Bacle para realizar reproducciones. Cuando el gobernador Juan Manuel de Rosas lo encarceló en 1837 acusado de espionaje, el taller fue intervenido o saqueado, y el documento se habría perdido o destruido en ese contexto.

Crónica del compromiso patriótico y el federalismo actual

 

 7 de julio de 2026 — II° Conversatorio Federal en CABA

Doscientos diez años después de aquella epopeya, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se transformó en el escenario del Segundo Conversatorio Federal de la Independencia. Este encuentro, promovido para reflexionar sobre el hito histórico y estrechar los lazos entre las distintas jurisdicciones y el Estado Nacional, albergó una fuerte impronta simbólica.

Durante las deliberaciones, cada una de las provincias que componen el territorio argentino recibió un ejemplar enmarcado de la Declaración de 1816. El propósito de este obsequio institucional apunta a que el acta deje de ser un mero objeto de archivo y pase a exhibirse en las representaciones oficiales de cada provincia como un emblema vivo de identidad y descentralización.

La reafirmación del pacto histórico

En el marco de la ceremonia, coordinada por la Embajada de Tucumán en CABA, las autoridades provinciales presentes firmaron un acta de ratificación. Este nuevo manuscrito no pretende sustituir al de 1816, sino revalidar su vigencia, proyectando hacia el futuro los valores del federalismo, la concordia y el esfuerzo conjunto.

El valor de la representación en plural

La entrega de estas reproducciones simbólicas descentraliza el concepto de emancipación. La libertad no nació en un único punto geográfico ni pertenece a una mirada centralista; se construyó desde el interior profundo. Al poseer cada jurisdicción una copia oficial de la proclama, se recuerda que la República Argentina es el resultado de la unión preexistente de sus provincias autónomas.

El repaso de los acontecimientos de julio de 1816 y la reciente cumbre federal en Buenos Aires entrelazan la investigación del pasado con el ejercicio cívico contemporáneo. La Independencia se confirma así como un pacto de soberanía constante, un recordatorio imperioso de que la identidad nacional se sostiene en el respeto mutuo de los territorios que le dan vida.